¿Dónde están nuestros públicos? En la Puerta del Sol. Pensando con Michael Burawoy

Para Michael Burawoy, las ciencias sociales no deben perder su ímpetu moral originario, esa aspiración a recomponer la promesa rota del progreso. Por eso defiende una sociología comprometida con el público, capaz de (re)construir valores morales y políticos sobre las ruinas del capitalismo. A quienes le contestan que hoy los públicos están despareciendo, Michael Burawoy les recuerda que las ciencias sociales pueden ayudar a crear y transformar públicos. Como ha hecho, por ejemplo, el Sindicato de inquilinas, juntando a gente antes sola, organizando la lucha, creando un público. Estos días, visitando la acampada por la vivienda, nos hemos acordado de Michael Burawoy.

¿Dónde están nuestros públicos? En la Puerta del Sol. Pensando con Michael Burawoy
¿Dónde están nuestros públicos? En la Puerta del Sol. Pensando con Michael Burawoy
¿Dónde están nuestros públicos? En la Puerta del Sol. Pensando con Michael Burawoy

 Texto y fotografías de Mónica Gadaleta y Pepa del Olmo, basado en contribuciones de las/os estudiantes del Máster de Antropología de Orientación Pública de la UAM

Ciencias sociales, ¿Para qué? ¿Para quién?

Para Michael Burawoy (MB), la sociología pública es parte de una división más amplia del trabajo sociológico, junto con la profesional, la práctica (o aplicada) y la crítica.

A través de dos preguntas fundamentales, ‘Para qué’ y ‘Para quién’, cuestiona la exclusividad del conocimiento académico como fin en sí mismo y defiende una sociología que pone en conversación los conocimientos de las ciencias sociales con los públicos.

En referencia a las dos preguntas, MB articula su división del trabajo sociológico en una tabla con dos ejes, el tipo de conocimiento y el tipo de público:

 

Conocimiento

Académico

Extra-académico

Instrumental

Profesional

Práctica (o aplicada)

Reflexivo

Crítica

Pública

 

Sobre esta división construye su discurso presidencial ante la American Sociology Association (ASA) en 2003. Ese discurso, que escuchamos en clase, es la base del artículo “Por una defensa de la sociología pública” que vamos a comentar aquí.

El artículo presenta 11 tesis que sería demasiado largo resumir, así que, entre todas las estudiantes del MAOP UAM (Máster de Antropología de Orientación Pública), hemos sacado unas pocas ideas con las que queremos quedarnos.

El ethos sociológico no se pierde: el ímpetu moral originario.

Michael Burawoy (MB) empieza su artículo trazando una imagen casi poética del origen y desarrollo de las ciencias sociales.  En sus orígenes, nos dice, la sociología aspiraba a “buscar orden en los fragmentos rotos de la modernidad, tratar de salvar la promesa de progreso”.  

Después pareció reconciliarse con el mundo para desarrollar su propio conocimiento especializado. “Si nuestros predecesores trataron de cambiar el mundo, nosotros al contrario hemos tratado de conservarlo en demasiadas ocasiones”.  Así, desde el 68 se acusó a las ciencias sociales de pactistas y de acoger acríticamente la ciencia.

Actualmente, la “dialéctica del progreso” y, en lo personal, la presión por hacer carrera, dominan en muchas ocasiones la disciplina académica.  Pese a todo, las ciencias sociales han dado sus frutos, transformando en ciencia el sentido común sin perder nunca del todo “el ímpetu moral originario”.

Los públicos como horizonte de posibilidad: Antropólogas, salgamos a buscarlo.

MB divide la sociología pública en tradicional (la que publica en periódicos y libros para un público general “invisible”) y la orgánica, que trabaja en estrecha conexión con “un público visible, denso, local, activo y a menudo contracorriente”. Frente a quienes nos alertan de la desaparición de los públicos, engullidos por el mercado y los medios de comunicación, MB nos dice que al público hay que salir a buscarlo.

En esta foto, por ejemplo (tomada en la manifestación por la vivienda del 3 de octubre de 2026), nos unimos a otro público que crece al grito de “Aquí están los antifascistas”.

La idea de que los públicos no son algo dado, sino que podemos participar tanto en su creación como en su transformación, nos ha parecido esperanzadora en el sentido de abrirnos horizontes de posibilidad.  

Un inciso a este respecto: MB nos habla también de las patologías que acechan a los distintos tipos de sociología. No queremos dejar pasar por alto esta llamada de atención en particular por lo que respecta a los públicos.  Si la sociología académica, al alejarse de los públicos extra-académicos, corre un riesgo de autoreferencialidad, la pública se enfrenta al riesgo inverso: seguir demasiado los intereses del público y convertirse ella misma en moda pasajera.  

Las ciencias sociales y la antropología social como campo de poder

MB analiza las relaciones de poder entre las cuatro sociologías basándose en indicadores como el acceso a fondos de investigación y puestos de trabajo, entre otros.  Desde este punto de vista, la sociología práctica (la que se hace por encargo de clientes) y la profesional (mayormente en la academia) dominan claramente sobre las sociologías reflexivas; dentro de estas, la crítica queda por encima de la pública.

Llama la atención que esas relaciones de dominio se representan también en el orden de las cuatro sociologías en la tabla que copiamos más arriba. Como MB señala, esta tabla se correspondería mejor con la situación en EEUU. Y como las visualizaciones son importantes, proponemos invertir la tabla, al menos para la antropología:

 Conocimiento

Extra-académico

Académico

Reflexivo

Pública

Crítica

Instrumental

Práctica

Profesional

 Creemos que así se representa mejor el campo antropológico, donde las relaciones se trastocan. La producción de conocimiento está estrechamente ligada a los públicos con los que trabajamos, y el enfoque crítico está también muy presente dentro de la experiencia antropológica en todos sus niveles (campo, producción, teoría, etc).

Situarse en la encrucijada: tú eliges

En este sentido, cada decisión, cada trabajo se inscribe en una disputa constante entre los cuatro tipos de conocimiento, y el lugar desde el cual se sitúa la persona que hace antropología es el resultado de esta disputa.

MB aboga por que esa “disputa” sea de colaboración, no antagónica. Esto nos ha hecho pensar que una visualización en círculo puede representar mejor la posición de la investigadora y su trabajo. Y de paso reducir la carga visual de la dominación.

 

Un arma cargada de futuro: la Antropología de Orientación Pública

Para MB, al igual que para Gramsci, la sociología de orientación/antropología de orientación pública orgánica – el “intelectual orgánico” usando términos gramscianos – erige sus investigaciones sobre valores deontológicos y políticos, es profundamente reflexiva.

El objetivo último de este paradigma sería producir conocimiento teórico veraz y crítico que sirva a un público para afrontar una situación o, en su caso, deconstruirla. En términos de la antropóloga Scheper-Huges, digamos las verdad al poder.

En su discurso ante la ASA (op cit), MB utiliza una metáfora que nos ha gustado para describir nuestra tarea: la sociología es un hacha que tenemos que afilar continuamente. Un hacha que se afila con el conocimiento científico y el trabajo con los variados públicos. Es el hacha que abre el camino para salir de la academia y volver a la sociedad.

Para nosotras (parafraseando a Celaya), la Antropología de Orientación Pública es un arma cargada de futuro.

 Texto y fotografías de Mónica Gadaleta y Pepa del Olmo, basado en contribuciones del grupo 11 del Máster de Antropología de Orientación Pública de la UAM

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